No sé si a ustedes les pasa: a mí me da a veces bastante flojera escribir un nuevo post, pero cuando escribo un comment en el blog de otra persona, me mando con un súper mamotreto que fácil se tendría que publicar en varios posts.
Bueno, eso es lo que me acaba de pasar con un comment que pensaba publicar en el blog de mi madrina Catalina, que me salió tan insufriblemente largo que preferí publicarlo aquí. Es un saludo por el Día del Periodista, que terminó convirtiéndose en algo así como una Declaración de Principios. Además, creo que vale no solo para su destinataria, sino para todos los jóvenes periodistas, en especial para aquellos que todavían estudian en la universidad.
Ahi va:
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Hola Catalina, feliz día del periodista ;)
Como sabes, yo me dedico a la prensa escrita hace una década, pero no me considero periodista, sino comunicador para el desarrollo. Tan es así que hasta me metí a estudiar la carrera (que estoy a solo dos meses de terminar :)
Cuando recién comencé en el periodismo, pensé seriamente dedicarme a esa labor en lo que restaba de mi vida: tenía facilidad (y rapidez) para escribir, me gustaba salir a hacer comisiones y entrevistar a gente. Hacer periodismo, entonces, era algo así como la profesión ideal, la carrera que encajaba perfecto conmigo.
Pero conforme pasaban los años, aunque me iba bien en la chamba y ganaba a veces más de lo que me esperaba (y en algunos casos, de lo que merecía), me fui dando cuenta de que el periodismo no era lo mío. Y esto es algo que siempre me gusta decir: No me veía a los 40 años haciendo lo mismo que hacía a los 22.
¿Cómo empecé a darme cuenta de que no quería seguir siendo periodista? Es un proceso, parecido en algo al tuyo. A los 16 años, recién salidito del cole, yo también quería cambiar el mundo. Pensaba que era posible, y que yo podía ayudar a lograrlo. Luego vinieron la universidad, la(s) chamba(s), el periodismo, un matrimonio frustrado (a los 21 años, nada menos), etc. Y también pasaban cosas en el país: yo ingresé a la PUCP pocos meses antes del autogolpe de Fujimori, y durante toda mi vida universitaria y los inicios de mi experiencia en prensa, las riendas del gobierno las tenía la mafia fujimontesinista. Y lo que vino después: Toledo, Alan, etc. En el fondo, más de lo mismo. ¿No te parece?
En resumen: ahora, a los 33 años, creo que es imposible cambiar el mundo: pensar eso es un exceso de romanticismo. Pero sí creo que es posible hacer que este país en el que vivimos sea un poquito mejor. Creo que es posible que mis hijos puedan tener gobernantes decentes, honestos, eficientes y y con vocación de servicio, en vez de la gente de mierda que nos ha gobernado todo este tiempo. Creo que la riqueza que hay en este país (que es muy real, sino miren cuánta plata se levantan las mineras, por ejemplo) pueda ser mejor distribuida, y ya no hayan niños pequeñitos dando volantines en los semáforos a cambio de unas moneditas, o ancianos desvalidos que a duras penas suben a los micros a vender unos cuantos caramelos, o madres con bebés en brazos (igual a mi sobrino Joaquín) sentadas en el suelo de la avenida Emancipación tratando de vender algunas golisnas, o simplemente estirando la mano.
En eso no he cambiado: a mis 33 años, me sigo conmoviendo cuando veo a esos niños, esos ancianos o esas madres, igual que cuando tenía 16. E igual que a los 16, se me sigue revolviendo la bilis cuando veo en la tele a congresistas a los que “no les da la gana” rendir cuentas de un dinero que sale de mi bolsillo. En eso sí, si quieres, sigo siendo romántico (aunque en persona no lo parezca ;)
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Y yo creo que todo eso se puede cambiar. Pero no creo que se pueda desde el periodismo. En el mundo de la prensa he conocido poquísimas personas que tengan ese afán de cambiar las cosas. Más he visto gente aburguesada, conforme con lo que hacen y con lo que tienen, que no buscan el cambio, sino que este les asusta: mantener el status-quo, esa es la regla. Prefieren mantenerse así como están, escribiendo las cositas que le ordena el editor o el dueño del medio; yendo sin falta a sus eventos, cócteles, desayunos de trabajo, conferencias de prensa con buffet, tonazos por el Día del Periodista; recibiendo sus regalitos (que van desde posavasos hasta viajes a Europa) a cambio de publicar la notita de prensa de tal o cual empresa, etc. etc. etc. Tú también los debes de haber visto.
Y he visto otros, la mayoría de ellos jóvenes, que están en el periodismo para satisfacer su ego: creen tener el talento para convertirse en grandes escritores y a través de la prensa escrita pueden alcanzar la fama (y no estudiaron Literatura porque el Periodismo, supuestamente, es una carrera “más rentable", lo cual no es siempre cierto). O, sencillamente, quieren ser los nuevos Hildebrandt de la prensa peruana; pero quieren serlo no para hacer grandes destapes que saquen al fresco la corrupción, los malos manejos o los crímenes que comete el Gobierno. Simplemente, quieren ser como Hildebrandt porque este es es el más famoso (vaya ejemplito) de los periodistas locales, y eso quieren emular: la fama.
En los blogs he visto muchos de esos casos de exacerbado egolatrismo periodístico (Jorobado was right!), y campañas como la de “Adopte a un congresista”, no hacen sino exacerbarlo más (Jorobado was right again!!!).
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Yo creo que desde la comunicación sí se pueden hacer cambios. Pero el periodismo no es la única forma (ni la más eficaz) de hacerlos; sino recuerda, por poner solo dos ejemplos, las campañas presidenciales de Fujimori el 2000 y de Humala el 2006. Sin prensa, o con la prensa abiertamente en contra, el primero llegó a ser presidente, y el segundo estuvo a punto de hacerlo.
El periodismo es solo un recursos comunicativo más, de otros tantos que existen: la comunicación interpersonal, las relaciones comunitarias, la incidencia política, el lobby, el manejo de conflictos, la educación popular, el aprovechamiento de los espacios públicos (con todas sus numerosas alternativas) son otros recursos que la comunicación tiene para generar cambio social. Todas ellas las estudiamos y las aplicamos extensamente en Comunicación para el Desarrollo, y es algo que no se ve, o se ve muy poco, en las carreras de Periodismo.
Por eso he puesto en mi perfil del blog, más en joda que en serio, aquello de “Soy comunicador para el desarrollo, es decir, un comunicador más completo”. Lo cual no quiere decir que la profesión de Periodismo esté irremediablemente condenada a ser inferior o incompleta con respecto a la de Desarrollo: les toca a sus estudiantes reclamar a los encaragdos de la carrera más y mejores cursos, más y mejores contenidos, nuevas directrices en su formación profesional. En otras palabras, se debe exigir que las universidades formen periodistas críticos con su realidad social y preocupados por el cambio, antes de ‘profesionales’ fácilmente aburguesables o amantes de los ego-trips.
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¿Has leído “Conversación en la Catedral”? Su protagonista, Zavalita, es un joven periodista. Él, de jóven, quiería cambiar el mundo, zafándose del mundillo burgués acomodado en el que creció y que despreciaba. Pero después de militar en un partido ilegal, de ser apresado por ello, de abandonar la universidad, de romper definitamente con su familia, de casarse y de formar un hogar, Zavalita llega a la madurez nada menos que como editor del diario en donde escribe. ¿Y qué pasó con querer cambiar el mundo? Nada. Ya fue, ya había sido. Lo único a lo que él puede atinar es a pararse en la puerta de su chamba y mirando a la muchedumbre que pasa por la avenida Tacna, preguntarse: “¿en qué momento se jodió el Perú?”.
De hecho, Zavalita sale en la novela mejor librado que otros de sus colegas, como su íntimo Carlitos (que acaba internado por alcoholismo y una úlcera que le destruye el estómago), o como su jefe Becerrita, un oscuro y renegrido editor que muere sin haberse movido de la sección Policiales.
De eso se trata, querida amiga. Tú has dicho que amas tu profesión y que morirás siendo periodista. No estás obligada a escuchar el consejo de alguien que tiene unos cuantos años más que tú, y una experiencia un poco mayor en prensa. Pero si acaso quieras escucharla, yo te diría lo siguiente: chévere, sé periodista, muere como periodista. Pero no seas una periodista como Zavalita: no llegues a los 40 años aburguesada y a preguntarte entre bostezos por qué tu país está jodido. Haz precisamente lo contrario: cuestiona, critica, propón alternativas, busca que cambien las cosas en tu país que tanto lo necesita. Y si en donde estás eres la única en ese afán, no dudes en cambiar de aires. No mueras por el periodismo, Catalina querida, muere por el cambio.
Un abrazo, con toda la buena onda de siempre (aunque tampoco parezca ;)
Tags: periodismo, periodistas, cambio, Zavalita, Comunicación para el Desarrollo,







1 comentarios:
yo tb fui periodista,,, y ahora, me siento tan orgullosa de ser desarrollera!!
en algo podemos ayudar.
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