miércoles 6 de agosto de 2008

Un recuerdo (muy personal) de la CVR


Un post de Carlitos Meléndez, la nueva ‘vedette’ (¡!) de la blogósfera local, convoca a quienes hayan laborado en la CVR a evocar los recuerdos, incidentes, roches, escándalos y demás, que hayan atestiguado durante su paso por esta institución. Me vino al toque a la mente, entre otros episodios, uno que me tocó protagonizar, y que se prolongó –para pesar mío- más allá de los cuatro meses en los que trabajé en esa institución.

Yo llegué a laborar allí los primeros días de septiembre del 2001, gracias a que una profesora de mi facultad nos pasó la voz a los alumnos de su curso: "están pidiendo practicantes en la CVR, ¿por qué no mandan su currículum?". Yo fui al día siguiente, tempranito, con el mío dentro de un reluciente sobre Manila, y se lo dejé al vigilante (porqué aún no había recepcionista) del local de Salaverry con Javier Prado. Para sorpresa mía, me llamaron citándome al día siguiente para una entrevista con la jefa de Comunicaciones. Acudí a la cita, y parece que le caí bien a la señora en cuestión, pues ahí mismo me dijo que estaba contratado, y que podía comenzar ese mismo día si quería. Esa iba a ser la última vez que le caía bien.

Los primeros días la Jefaza (cuya chapa era "Muñeca de Yola", por su peinado con cerquillo igualito a la de las muñecas que salían bailando con Yola Polastri en su programa) era amable y hasta cariñosa conmigo. Pero esa actitud fue degenerando conforme pasaban los días y aumentaba la cantidad de trabajo (y por ende la tensión) dentro del área de Comunicaciones, hasta convertirse en pura y simple hostilidad y humillación.

Para poner solo unos ejemplitos, solía llamarme la atención, en voz alta, enfrente de otras personas que no eran del área; incluso delante del mismo Salomón Lerner me gritoneaba. Una vez, una comisionada se ganó con una resondrada de la Jefaza y me dijo luego: "esa mujer se pasa, cómo es posible que te maltrate así". También solía hacer lo mismo durante las conferencias de prensa, delante de los periodistas, algunos de los cuales yo conocía de antes y frente a los cuales quedaba como un perfecto lorna.

Para no hacerla más larga, pocos días antes de fin de año la Jefaza me llamó aparte para una conversación a solas. "Nos llueven las críticas, dicen que por qué contrátanos solo a gente de la PUCP, por eso vamos a buscar a un practicante para el área de otra universidad, y por eso, lamentablemente, ya no podremos seguir contando contigo", me anunció. A mí la noticia me sonó razonable y hasta aliviante: ya no tendría que seguir soportando a la bruja esta.

Pues bien, llegó enero del 2002, y yo sin chamba. Pero mi paso por la CVR había dejado en mí un gran interés por el tema de Derechos Humanos, así que imprimí varias copias de mi currículum (donde, por supuesto, constaba en cabecera mi paso por la CVR) y las repartí a todas las ONG de DDHH que conocía, junto a una cartita de presentación dirigida al máximo directivo de la respectiva institución. Mi razonamiento era el siguiente: "He trabajado en la CVR, eso les debe interesar a estas ONG para contratarme". Dejé como seis o siete currículums, esperanzado en que por lo menos me llamen por uno de ellos. Pasaron como cuatro meses y nada de nada.

*****
Vayamos a junio del 2002. Yo llevaba solo dos cursos de la carrera que en ese entonces cursaba (Comunicación Audiovisual), y no tenía chamba. Pasaba la mayor parte del tiempo dando vueltas por la universidad. Un día mi profesora, aquella que nos pasó el dato de la chamba en la CVR, me encontró pateando cilindros con efecto en el Tontódromo (para los profanos: Corredor Central) de la PUCP.

Me preguntó si seguía trabajando en la CVR, a lo que respondí que ya no. "Genial, justo estoy buscando un practicante con experiencia en derechos humanos para que trabaje conmigo, tu experiencia nos sería muy útil. Mándame tu currículum, y máximo pasado mañana comienzas con nosotros". Ella era la jefa de comunicaciones de una conocida ONG de DDHH ubicada en Lince, al frente del parque Matamula. Me fui contento, literalmente saltando en una pata, a mandarle mi currículum a la profe y esperar a pasado mañana para comenzar a chambear con ella.

Pues bien, pasó más de un mes y nunca me llamó la profesora. A la quinta semana, la llamé yo. Para qué lo hice. Muy amigablemente, me explicó que apenas le llegó mi currículum, ella se lo mostró a su superior, la directora de la ONG. Mi ex Jefaza de la CVR había trabado allí también y era pata suya, así que la llamó para pedirle referencias mías. La Jefaza le respondió más o menos así:

"¿Manuel García? Ese muchacho es un desastre como practicante. No te lo recomiendo por nada del mundo. Es más, ya antes me han llamado de la ONG Tal y de la ONG Cual, pidiéndome referencias de él, y les he respondido lo mismo que te estoy diciendo a ti".
Ya se imaginan cuál fue mi estado de ánimo cuando escuché toda esa historia. Mi profe (una excelente persona, le mando un fuerte abrazo desde aquí) me trató de reconfortar, pero igual, yo ya había tocado fondo con eso. Nunca me había sentido tan mal. Tanto así que jalé los dos cursos que estaba llevando y decidí ya no seguir estudiando. Si no fuera porque justo por esos días me llegó la posibilidad de chambear en El Comercio, quizá me hubiera tirado a la perdición, quién sabe.

*****
Actualmente la Jefaza dirige el área de Comunicaciones de un instituto de Derechos Humanos de una universidad privada, donde han recalado muchos de los que trabajaron en la CVR. Por mi parte, hasta ahora no he podido entrar a trabajar a ninguna ONG de Derechos Humanos, a pesar de que hasta hace poco lo seguí intentando, y de que mi interés por trabajar el tema de DDHH sigue intacto.

Muchos podrán decir que sigo resentido, que estoy hablando por la herida, y quizá sea verdad. Sin embargo, mi intención, aunque lo parezca, no es el de satanizar a nadie, sino tan solo recordar un episodio de mi vida que, de una manera u otra, señaló de manera decisiva mi trayectoria profesional.

No sé qué opinan ustedes.

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8 comentarios:

Jorobado dijo...

Ay, la muñeca de Yola... si no la conocere...pero a ver, esas cosas pueden pasar en cualquier lugar, no crees? Pero justo te paso en la CVR...
Gracias por lo de "vedette", jeje, lo tomare como un cumplido. Saludos desde la capital latinoamericana de los derechos humanos, precisamente...

Manuel Enrique dijo...

Si Carlitos, mejor tómalo como un cumplido... no te la vayas a tomar en serio, y después vayas a querer salir calato montado a caballo sobre la bandera... jejejeje!

Un abrazo

Imberbe_Muchacho dijo...

jefes despotas en todos lados...y eso que trabajaba en DDHH...

Chio dijo...

mm manu manu manu, pues que le podemos hacer? nos encontramos con cada gente en donde menos lo esperamos. Pero vamos, se que pronto llegará lo bueno. Slaudos!

Dreampicker dijo...

Deséale lo mejor a la bruja ésa y por si las moscas, usa una cinta roja en la muñeca izquierda. :)

Cretinos(as) hay en todas partes. Cretinos que tratarán de fregarte con malas referencias, también. Pero de tí siempre dependerá el reinventarte, mejorar. Al final, esa gente ridícula recibe lo que siembra (aunque suene muy simplón es la verdad)

Un jefe ke tuve me hizo la vida cuadritos e incluso hizo lo imposible por ke me despidieran. Cuando lo logró, hizo que perdiera hasta a mis amigos.Yo lloraba de impotencia, pero él había planeado todo, al parecer. Hice mi vida, deseándole lo mejor. A los años, me buscan de esa chamba y me dicen que me necesitan... para ocupar el puesto de ese cretino. Finalmente, todos se dieron cuenta de la clase de persona que era y lo despidieron como un perro. Ahora ocupo su lugar (y por cierto, lo hago infinitamente mejor)para alivio de todo el mundo, pues el tipo se hizo insoportable.

virgulilla dijo...

El asunto es el monopsodio. O sea, si lo dice un CVR poderoso extás cagao en cualquier ONG izquierdoza, así el CVR sea un verdadero hijo de la guayaba como jefe. En una empresa cualquiera solo te hubieran comparado con los otros postulantes y no hubieran estado con chismecitos de pásame la manti. Tremendos caviarones déspotas!

Raulín Raulón... dijo...

Lo siento compadre, pero incluso en el circuito de los DDHH peruanos existe la endogamia.

Y bueno, si a eso sumamos el que esa cerda tenía amigos "poderosos", bueno pues...

Yo te recomiendo trabajar con gente liberal o de derecha. PArecen mala gente, pero son un chongo, personajes portentosos todos.

Por cierto, para Junio del 2002 yo también estaba yéndome al infierno, que primera mitad de mierda, ¿no?

Alfredo P. dijo...

Se me han puesto los pelos de punta luego de leer la historia de terror quen nos cuentas.
¿Y una persona como esa trabaja en DD.HH?, el daño que le ha ocasionado esa loca a tu derecho humano al trabajo y al libre desarrollo profesional es gravísimo.
Un practicante está en una empresa básicamente para aprender, es perfectamente legítimo que cometa errores (de eso se aprende), pero joderle la vida a alguien así....es CRIMINAL.
Desde aqui tienes toda mi solidaridad.
Un consejo: échale tierrita a eso de trabajar para una ONG de DD.HH, olvídate, ese mercado es recontra-super-argollero, trata de convertir este problema en una posibilidad y búscate un espacio en la empresa privada.

Saludos.